La apertura del VI Seminario de Innovación Educativa, organizado por Ticmas en la Feria del Libro de Buenos Aires 2025, dejó una escena contundente: Axel Rivas, referente en política educativa y autor de libros claves sobre el sistema educativo latinoamericano, abrió la jornada con una pregunta que atraviesa a todo el sistema: ¿qué aprendizajes tienen sentido en un mundo cambiante, incierto y dominado por tecnologías que avanzan más rápido que las propias instituciones?
Para Rivas, la escuela —y por extensión, las instituciones de educación superior— funcionan como una “institución de anticipación”.
Están diseñadas para preparar a los estudiantes para un futuro que ya no puede visualizarse con claridad. El problema, señaló, es que esa promesa de futuro sobre la que se sostenía la educación tradicional empieza a desdibujarse:
“La promesa que nos hacía pasar el duro trago de aprender cosas que no tenían utilidad inmediata, se está desvaneciendo. Tenemos que renovar nuestras respuestas”.

Clásico, actual o poderoso: una disputa silenciosa sobre qué enseñar
A lo largo de su exposición, Rivas propuso un marco para pensar las tensiones actuales que atraviesan los modelos educativos.
Por un lado, la enseñanza clásica, centrada en las disciplinas, el conocimiento riguroso y la defensa de lo que no pierde valor con el tiempo.
Del otro lado, una pedagogía más orientada a la vida, que busca formar competencias aplicables al mundo real: comunicación, pensamiento crítico, resolución de problemas.
Y en un tercer punto, emergente, lo que algunos autores definen como el camino de los “conocimientos poderosos”: saberes profundos que conectan la teoría con el sentido, capaces de transformar al estudiante en alguien capaz de leer e intervenir en el mundo.
Esta mirada no descarta la tradición ni la utilidad práctica, sino que intenta una síntesis superadora: formar con profundidad, pero también con propósito. Para Rivas, ahí se juega buena parte del futuro de las instituciones educativas.
La IA no cancela la educación, la redefine
En un momento especialmente potente de la conferencia, Rivas hizo foco en el impacto de la inteligencia artificial en la enseñanza. ¿Qué sentido tiene enseñar algo que una máquina puede hacer mejor, más rápido y con acceso inmediato? Lejos de resignar el valor del aprendizaje, planteó que el conocimiento es parte de nuestra identidad, y no un accesorio que se consulta en Google o se delega a un chatbot.
“Somos lo que sabemos”, afirmó. Entender historia, ciencia, filosofía o matemática no es solo acumular datos, sino mirar el mundo desde lentes que estructuran nuestra relación con la realidad.
El peligro no está en que la IA reemplace el saber, sino en creer que ya no lo necesitamos. Frente a esa amenaza, las instituciones deben defender el rol transformador del conocimiento, más allá de su inmediatez o automatización.
¿Qué sentido tiene lo que enseñamos?
Hacia el final, el especialista retomó la idea de que no se trata solo de qué contenidos enseñar, sino para qué se enseñan. La educación no puede ser una lista interminable de datos que se olvidan rápidamente. Las disciplinas, señaló, deben trabajar con dos grandes pilares: los esenciales —aquello que hay que saber— y los fundamentales —para qué sirve lo que se aprende—.
En un contexto donde el acceso a la información es inmediato y las herramientas tecnológicas son cada vez más sofisticadas, el diferencial está en cómo se procesa, se interpreta y se conecta ese conocimiento con una visión del mundo. Para Rivas, ese es el terreno donde las instituciones de educación superior deben poner el foco si quieren seguir siendo relevantes.

