"La mayoría de los estudiantes universitarios ya utiliza herramientas de IA para sus trabajos académicos, pero los empleadores reportan que los graduados no cuentan con habilidades de pensamiento crítico y toma de decisiones en un entorno laboral potenciado por la IA”, plantea Shannon McKeen en su artículo “When Knowledge Is Free, What Are Professors For?”, publicado en Forbes.
Ese desajuste, según McKeen, marca el inicio del “gran desempaquetamiento” de la educación superior.
Desde su perspectiva, durante décadas, las universidades ofrecieron un modelo combinado: contenidos, desarrollo de habilidades, certificación y redes sociales como parte de una experiencia premium. Pero hoy, con la disponibilidad masiva de conocimiento a través de la inteligencia artificial, ese paquete empieza a desarmarse.
El autor -experto en educación superior y negocios, con foco en IA, aprendizaje experiencial y habilidades profesionales- advierte que el modelo universitario, optimizado históricamente para una economía de escasez de información, ya no responde a las condiciones actuales.
"Las universidades que sigan compitiendo con la IA en la entrega de contenidos están librando la batalla equivocada", sostiene. En cambio, el nuevo diferencial está en lo que la tecnología no puede automatizar: el juicio humano.
McKeen afirma que el valor se está desplazando desde la transferencia de información hacia el desarrollo de habilidades humanas complejas, como la verificación de fuentes, la toma de decisiones contextual, el razonamiento ético y la rendición de cuentas en escenarios reales.
En ese contexto, su artículo destaca iniciativas institucionales que ya empezaron a reconfigurar su propuesta académica. Por ejemplo, la escuela de negocios de la Universidad Estatal de Arizona, que dedica gran parte de sus cursos a proyectos con clientes reales. O Northeastern University , que incorporó la “inteligencia experiencial” como parte del plan de estudios.

La propuesta de McKeen incluye recomendaciones concretas para los líderes universitarios: auditar los programas que se centran solo en transmisión de información, rediseñar las evaluaciones para incluir evidencia de toma de decisiones y trabajo aplicado, y reconvertir el rol del profesor en diseñador de experiencias y entrenador del juicio estudiantil.
“La entrega de información se está convirtiendo en un commodity, mientras que el desarrollo del juicio humano pasa a ser el diferencial”, concluye.
Para McKeen, las universidades que reconozcan esta transformación a tiempo podrán capturar valor en un mercado que cambia rápidamente. Y quienes enseñan, lejos de volverse prescindibles, pueden ocupar un lugar central en ese nuevo escenario.

