La relación entre universidad y empresa sigue centrada principalmente en la formación de profesionales, afirma Jordi Berenguer, vicerrector de Transferencia, Innovación y Emprendeduría de la Universitat Politècnica de Catalunya, en entrevista con el diario El País. "Muchas pymes siguen viendo a la universidad, ante todo, como un lugar donde se forman futuros profesionales", señala.

Para el académico, el problema de esta situación es que el vínculo empresa-universidad suele concentrarse estrictamente en instancias de inserción laboral, sin lugar para la transferencia de conocimiento.

"La relación, por encima de lo obvio, suele empezar y terminar ahí: prácticas, bolsas de empleo y captación de talento", señala.

Según indicó en la entrevista, esto limita que la universidad sea incorporada como socio en procesos de innovación o mejora productiva. "Pensar en ella como un socio capaz de mejorar un proceso productivo, desarrollar un nuevo material o resolver un problema técnico concreto no siempre forma parte de la conversación inicial", explicó.

Como consecuencia, describe una desconexión entre el conocimiento académico y su aplicación: "El conocimiento y la necesidad empresarial avanzan en paralelo, pero rara vez se encuentran".

Berenguer expresa además que uno de los factores centrales es la propia estructura del tejido empresarial: "En España predominan las pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas con recursos limitados para invertir en I+D de manera continuada".

En ese contexto, precisó que "no se trata solo de voluntad, sino de capacidad: una gran empresa puede permitirse sostener proyectos de largo recorrido, mientras que una microempresa difícilmente puede asumir ese riesgo sin garantías inmediatas".

Además, advirtió que, en muchos casos, estas empresas "tampoco disponen de estructuras internas que les permitan formular una demanda tecnológica concreta o integrar ese conocimiento en su estrategia".

También se refirió a la continuidad de los proyectos de colaboración.

"Hay casos en los que la colaboración arranca con entusiasmo, pero cuando llega el momento de invertir recursos propios o de mantener el proyecto en el tiempo, la empresa se repliega", señaló. Según explica, "el interés no desaparece, pero sostener la apuesta implica asumir costes y riesgos que no todas pueden permitirse".

La transferencia también depende de que el conocimiento genere impacto

En la misma entrevista, Rafael Ruiz, director de Personas de Tecnalia, se refirió al criterio que define la investigación aplicada. "Si no hay impacto, no sirve", afirmó.

Según explicó, el impacto implica que el conocimiento genere cambios concretos en las organizaciones, como la adopción de decisiones diferentes o la mejora de procesos.

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