Un análisis reciente publicado por Forbes plantea que invertir en la salud mental de los estudiantes universitarios no solo es un imperativo ético, sino también una decisión financieramente rentable.

Según una encuesta del American Council on Education, el bienestar psicológico de los estudiantes se ha posicionado como una de las principales prioridades para rectores y presidentes universitarios, quienes deben equilibrar esta necesidad con presupuestos ajustados y exigencias regulatorias.

“Hay un argumento económico sólido para invertir en la salud mental de los estudiantes”, afirma el profesor Daniel Eisenberg, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), referente del Healthy Minds Network, citado por Forbes.

Menos crisis, más rendimiento académico

El impacto de estos servicios es tangible. Un informe del Center for Collegiate Mental Health (2024) indica que los centros de atención psicológica en campus ayudan a reducir significativamente el estrés y situaciones críticas.

Además, el tratamiento de afecciones como la ansiedad y la depresión leve tiene un efecto directo en el rendimiento académico.

Forbes cita un estudio que muestra que no recibir tratamiento por depresión puede reducir el promedio académico (GPA) en casi medio punto, mientras que acceder a atención profesional revierte ese impacto.

Retención estudiantil y sostenibilidad financiera

Otro dato del estudio citado por Forbes es que dos de cada tres estudiantes que recibieron apoyo psicológico afirmaron que ese acompañamiento fue fundamental para continuar sus estudios. Esta mejora en la retención estudiantil tiene un impacto directo, además de en la calidad de vida de las personas, en la sostenibilidad financiera de las instituciones.

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