Durante décadas, el título universitario funcionó como la principal forma de certificar conocimiento en la educación superior. Hoy, ese modelo convive con nuevas formas de validación del aprendizaje que buscan responder a un mercado laboral cada vez más dinámico.

Para Guido Grinbaum, el debate no pasa únicamente por el formato de las credenciales, sino por la capacidad del sistema educativo de adaptarse a un entorno que evoluciona a mayor velocidad.

“La velocidad con la que cambian los trabajos hoy no es la misma que hace 20, 30 o 40 años”, plantea.

Ese desajuste entre formación y mercado, explica, no es nuevo, pero se vuelve cada vez más evidente a medida que las transformaciones se aceleran.

Credenciales digitales y microcredenciales: dos capas del mismo sistema

En este contexto, las credenciales digitales y las microcredenciales empiezan a ocupar un rol central.

Las primeras funcionan como la infraestructura tecnológica que permite emitir certificaciones verificables y portables, mientras que las microcredenciales representan programas académicos más cortos, orientados a desarrollar habilidades específicas.

Ambas responden a una misma necesidad: validar aprendizajes en un entorno donde las trayectorias profesionales son cada vez menos lineales.

América Latina: pilotos, pero sin escala

El desarrollo de este modelo en América Latina todavía es incipiente.

Según un reporte de POK (2025), solo el 7% de las instituciones de la región afirma que los empleadores valoran las credenciales, mientras que el 46% directamente no sabe cómo son percibidas por el mercado.

"Las universidades de LATAM están en un estado muy inicial", dice Grinbaum.

El principal desafío no es únicamente la adopción, sino la falta de articulación entre actores. Sin coordinación entre universidades, gobiernos y sector productivo, el modelo no logra escalar.

El punto crítico: la relación con el mercado laboral

Para el Chairman de POK, uno de los problemas estructurales del sistema es la desconexión histórica entre universidades y mercado.

“Las universidades no conversaron nunca realmente con el mercado”, afirma.

Ese desfasaje se refleja en los tiempos: programas que tardan años en diseñarse y ejecutarse, frente a necesidades laborales que cambian en períodos mucho más cortos.

En algunos sectores, especialmente tecnológicos, esta lógica ya empezó a cambiar. Empresas como Google, Amazon o Microsoft avanzan hacia modelos de contratación basados en habilidades, donde la evidencia de lo que una persona sabe hacer gana peso frente al título tradicional.

Un cambio estructural, no complementario

Lejos de reemplazar a los títulos, las microcredenciales aparecen como un complemento que permite actualizar conocimientos y validar habilidades de manera continua.

También habilitan nuevas oportunidades: desde la actualización profesional en disciplinas tradicionales hasta la certificación de habilidades específicas que antes requerían trayectos formativos más largos.

Sin embargo, la transformación no es simple.

“Por su naturaleza, la universidad es el actor más difícil de transformar”, advierte Grinbaum.

Tecnología: de soporte a decisión estratégica

En este escenario, el rol de la tecnología se vuelve central.

Grinbaum plantea que uno de los principales desafíos de las instituciones es incorporar a los líderes tecnológicos en los espacios de decisión.

“Las organizaciones más exitosas del mundo post Internet fueron aquellas que incorporaron a tecnología en el nivel estratégico”, explica.

Hoy, sin esa integración desde el inicio, la capacidad de innovar se ve limitada.

“El interés está, pero falta ejecución. Las universidades no están acostumbradas a probar, equivocarse y escalar”, agrega.

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