La irrupción de la inteligencia artificial está obligando a revisar algunos de los supuestos más básicos del sistema educativo.

En entrevista con InsightED, Mercedes Mateo, Jefa de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), plantea que el cambio no pasa solo por incorporar tecnología, sino por repensar qué capacidades se desarrollan y para qué mundo el sistema está formando personas hoy.

“El conocimiento dejó de ser un recurso escaso. Lo que hoy es escaso es la capacidad de hacer algo útil, ético y creativo con él”, sostiene.

Desde su perspectiva, el foco hoy dejó de estar en la acumulación de información y se desplaza hacia habilidades como el pensamiento crítico, la capacidad de decidir en contextos de incertidumbre y la construcción de criterio propio.

En ese marco, advierte que el mayor riesgo no es que las universidades pierdan relevancia, sino que continúen formando perfiles preparados para repetir información en un contexto que demanda algo distinto.

En este escenario, también aparece una nueva forma de desigualdad.

Según Mateo, el riesgo no está solo en quién accede a la tecnología, sino en quién desarrolla primero las habilidades cognitivas y humanas necesarias para usarla de forma crítica. Una brecha menos visible, pero potencialmente más profunda.

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