Patricia Stuart llegó al rectorado de la Universidad de Lima hace menos de dos años. Antes fue docente, jefa de práctica, secretaria académica, decana y vicerrectora.

Conoce la institución desde adentro. Hoy, al frente de una universidad de 30.000 estudiantes en Perú, conduce una transformación que abraza la tecnología sin soltar lo que considera irremplazable: el humanismo, la filosofía y el encuentro entre personas.

Una generación que estudia con otro propósito

Stuart observa una diferencia clara entre los estudiantes de hace quince años y los de hoy. “Antes los estudiantes seguían una carrera profesional para insertarse en una empresa y asegurarse una estabilidad que les duraría varias décadas”, dice.

Eso cambió. “La elección de una carrera profesional está muy amarrada a un propósito personal”. Esta generación, describe, quiere hacer un aporte en los temas medioambientales, políticos y en la sociedad: “Generalmente quieren generar un espacio en el cual su trabajo tenga un bienestar para su persona y además un impacto social”.

Desde su mirada, los estudiantes son nativos digitales, multitasking, y entienden que el título es un punto de partida, no de llegada. “Se dan cuenta que la carrera es un primer paso, no el final del estudio”.

Y cuando se les pregunta si sienten ansiedad frente a un mercado laboral que cambia mientras estudian, Stuart matiza: “Yo creo que sí hay ansiedad, pero creo que tiene que ver con los padres, acostumbrados a una estabilidad de larga data. Los jóvenes, en cambio, están acostumbrados a vivir en ambientes de incertidumbre y a moverse con más facilidad que los adultos”.

Para acompañarlos en ese cambio, la universidad rediseñó su infraestructura. Hoy cuenta con espacios de incubación de empresas, trabajo en grupo y aprendizaje multidisciplinario.

Organiza concursos anuales de innovación con premios económicos y ofrece programas de educación continua para desarrollar habilidades tecnológicas y blandas: “Premiamos este tipo de iniciativas porque los jóvenes saben que cuanto más habilidades tengan complementarias a su carrera, más oportunidades generan”.

"Ya no se puede seguir evaluando como antes de la IA”

Cuando apareció el ChatGPT en 2022, la Universidad de Lima no lo prohibió. "Asumimos el reto. Hicimos reglas claras del uso ético e íntegro a nivel académico, tanto para profesores, investigadores y alumnos”. Crearon un Centro de Inteligencia Artificial Responsable con foco en investigación, pedagogía y vinculación con empresas.

La comparación que usa Stuart para explicar su postura es elocuente: "Prohibirla tampoco es el resultado. Es como cuando empezaron a aparecer las computadoras y prohibían usar Excel, o el uso de calculadoras. Todo eso fue evolucionando”.

Sin embargo advierte: "Ya no se puede seguir evaluando como antes de la IA. Tenemos que tener en cuenta que existe y que los estudiantes la usan".

Stuart es clara sobre los límites de la tecnología: la IA no garantiza el aprendizaje profundo, muchas veces crea en el estudiante la ilusión del aprendizaje. Lo que la universidad tiene que enseñar, insiste, es a trabajar con ella entendiendo qué es lo que aporta el ser humano: “El pensamiento crítico, la sociabilidad, la colaboración, la solidaridad; eso es lo que la IA no ofrece”.

“La IA está hecha por cinco grandes empresas. No contempla los 44 idiomas nativos que tenemos en Perú”.

Stuart cuestiona el mito de que el título universitario perderá valor frente a la inteligencia artificial. “Puede reemplazar muchas cosas, pero no debe reemplazar la confianza que la sociedad nos tiene a nosotros como institución”, dice.

Es concreta: "Desde que aparece la universidad, un título universitario genera la confianza de que eres un médico, una enfermera, un sociólogo, y que puedes desarrollar en forma concreta y correcta tu trabajo”.

Y va más lejos cuando habla de contexto regional. “La IA está hecha por cinco grandes empresas multinacionales fuera de nuestro ámbito regional. No contempla los 44 idiomas nativos que tenemos en Perú”.

Presencialidad en un contexto de pantallas

La pandemia le dejó a Stuart una certeza que guía su gestión. Cuando las clases volvieron a ser presenciales, los estudiantes regresaron con una urgencia que habló por sí sola. “Lo más importante de la universidad es que es un centro social donde los jóvenes y los profesores se encuentran y pueden reflexionar respecto a los problemas de la sociedad”.

La vida universitaria, dice, "es como un ensayo de cómo un joven vive en sociedad”.

Mirando la gestión, para Stuart el principal desafío de gestión no es la captación sino la retención estudiantil.

La Universidad de Lima tiene alumnos que entran a las 6 de la mañana y se van a las 10 de la noche. Muchos trabajan mientras estudian, lo que hace que una carrera de cinco años se extienda a seis. Ante esas situaciones, la universidad acompaña con apoyo económico y programas especiales para estudiantes en riesgo académico.

"Si nunca leíste a los griegos, el mundo siempre va a ser desconocido"

El antídoto contra la superficialidad tecnológica, para Stuart, es el humanismo. Como docente -rol que sigue manteniendo desde el rectorado- habla a sus alumnos de mitología griega para mostrarles que los superhéroes de Marvel tienen raíces en los clásicos.

“Si el joven empieza a interesarse por leer, por aprender y no solamente por recibir un resumen listo, entonces verdaderamente va a formarse”. La historia y la filosofía no son adornos del currículo, insiste. Son el piso desde el que una persona puede pararse para entender el presente.

Una rectora que camina en el campus

Stuart camina en el campus, se encuentra con los estudiantes, asiste a reuniones de rectores para escuchar cómo otros resolvieron desafíos que quizás en el futuro tendrá.

Insiste también en que los representantes estudiantiles participen en asambleas y comités. “Sus preguntas y dudas enriquecen la discusión. La perspectiva estudiantil permite focalizar aspectos de gran importancia”.

Cuando se le pregunta qué la inspira personalmente, la respuesta es coherente con todo lo anterior: leer historia y filosofía, seguir formándose. Seguir a líderes de otras industrias, no solo de educación. “Los retos siempre aparecen y son similares”.

Y sobre todo, escuchar a los jóvenes. “Hay que gastar mucho los zapatos, darse la vuelta, tomarse un café con los alumnos, sentarse a escuchar”, dice.

También puedes leer la entrevista aquí.