Universidad Tecmilenio atiende a 65.000 estudiantes de educación formal. De ellos, 25.000 cursan licenciaturas y maestrías en modalidad virtual, una cifra que antes de la pandemia no llegaba a 9.000.
Víctor Marcelo Ortiz, Vicerrector de Educación Remota Internacional en Universidad Tecmilenio, conduce esa área desde hace casi dos años. Desde su rol, describe a quienes más eligen la educación virtual hoy: adultos que ya trabajan, que en su mayoría no alcanzaron a terminar una carrera o no tuvieron la oportunidad de estudiar, y que buscan flexibilidad con alta calidad.
Para ellos, plantea Ortiz, la educación superior tiene que diseñar modelos propios en lugar de adaptar los modelos pensados para un joven de 18 años.
Por eso la andragogía, la disciplina que estudia cómo aprenden los adultos, es un concepto que Ortiz señala como clave para entender las nuevas demandas en la educación.
En diálogo con InsightED, reflexiona sobre las necesidades estudiantiles en la virtualidad, qué lugar ocupa el docente cuando la IA acompaña las 24 horas y por qué la velocidad del cambio es lo que más le quita el sueño.
¿Quiénes llegan hoy a la educación remota en Tecmilenio?
-La mayoría de la gente que llega con nosotros no tuvo antes la oportunidad de estudiar. Eso no quita que alguien que cambió de carrera, o un joven con ciertas particularidades en su vida, decida estudiar de manera remota. Pero la mayoría son personas que no alcanzaron a terminar o a tener la oportunidad de estudiar una carrera, y ven que tenerla es importante para su desarrollo profesional.
¿Cómo se conectan estos estudiantes con el mundo del trabajo?
-La verdad es que la mayoría ya está trabajando. Pero nosotros los acompañamos por dos líneas. La primera es que nuestro modelo tiene un componente importante llamado formación integrada al trabajo: para graduarte de nuestras carreras tienes que demostrar que hiciste un proyecto o una estrategia con una empresa. Nuestros adultos que estudian online, en su mayoría, hacen proyectos en las empresas donde ya trabajan, aunque también podemos facilitarles que conecten con otras.
La segunda: para quienes buscan un cambio de carrera, tenemos mecanismos para conectarlos con bolsa de trabajo y oportunidades laborales.
Es una particularidad de Tecmilenio y del adulto que estudia con nosotros. Su contexto es diferente, y la forma en que aprende también tiene que ser diferente, porque muchas de las cosas ya las hace en su día a día. Por eso nos estamos asegurando de incorporar a nuestro modelo un enfoque andragógico de desarrollo de competencias, que reconozca su contexto, sus particularidades y el aprendizaje que ya trae.
La mayoría de las personas desarrollamos gran parte de nuestras competencias haciendo, trabajando, y muchos de los que llegan ya traen esos aprendizajes incorporados en su saber hacer.
-En la era de la IA, ¿qué necesita un modelo de educación remota para funcionar y retener a sus estudiantes?
-Lo primero sin dudas es conocer muy bien nuestro segmento. Sabemos que quienes llegan son adultos que trabajan. Estamos desarrollando un modelo donde entendemos al adulto: le aplicamos un assessment para saber de dónde viene, cuál es su trabajo, qué está haciendo. Incluso con inteligencia artificial personalizamos los retos que tiene que resolver para demostrar las competencias de los certificados que estudia.
Segundo, el engagement. Las personas tienen horarios complicados. Me ha tocado platicar con alumnos que me dicen: “Soy operario y tengo horarios rotativos. No me puedo comprometer a estar todos los lunes de 6 a 9 en una clase, o todos los lunes y miércoles sentado con otros compañeros”.
Estamos tratando de romper esas restricciones y buscamos que cada persona aprenda de la forma que más le guste. Si a alguien le gusta aprender leyendo presentaciones o metiéndose a un chat a discutir, perfecto, esa es su forma de ir desarrollando conocimientos. Y el reto o el proyecto con el que demuestra que sabe hacerlo está enfocado en lo que trabaja.
Por otro lado, usamos la tecnología para que cada persona tenga un acompañamiento personalizado. Antes tenías que ser extremadamente suertudo o millonario para tener un mentor que te acompañara y que realmente supiera de lo que te hablaba. Ahora, gracias a la IA, podemos desarrollar modelos donde tengas un acompañante que te sigue, al que puedes preguntarle y que está disponible 24/7 si tienes una duda. Y si quieres hablar con un profesor, con un mentor o con un coach, también están disponibles: siempre hay humanos en el proceso.
¿Qué lugar ocupa el docente en la educación remota?
-Ahí está el meollo: el docente evoluciona. La tecnología nos permite evolucionar a los docentes en muchos sentidos. El primero es que el docente pase a ser realmente un mentor, un coach, un resolvedor de dudas y problemas, y deje atrás el rol de quien solo dicta en una conversación unilateral.
Le permitimos tener un diálogo más socrático, más cuestionador, más de mentor con los alumnos, y también atender a muchos más, porque el alumno ya tuvo ciertas discusiones previas con su mentor de inteligencia artificial y el docente tiene esa información. Incluso con una tecnología que permite una educación más personalizada, sigue habiendo un humano en el proceso, y es crucial para que los estudiantes sigan conectados y desarrollando estos temas importantes.
¿Cuál es el principal desafío dentro de su rol actualmente?
- Para mí la preocupación más grande es la velocidad del cambio. Todo evoluciona tan rápido, y el sector educativo es más pausado, más tranquilo. Es yuxtaponer un sector que tradicionalmente ha sido lento, y que ha cambiado poco, con un mundo que avanza rapidísimo.
Lo que más me quita el sueño es cómo hacer para avanzar igual o más rápido que el mundo y preparar a nuestros alumnos para que estén listos para ese mundo. Por eso estamos a marchas forzadas todos los días haciendo pilotos, incorporando tecnología, probando formatos nuevos de aprendizaje.
-El futuro de la educación. ¿Es algo que viene o algo que ya estamos viviendo?
- Dependiendo de cómo lo veas, muchas veces el futuro ya está aquí: hay señales de cosas que ya están ocurriendo, solo que no están distribuidas de manera homogénea.
El futuro de la educación es distinto para un chavo de 18 años que para un adulto que trabaja. A mí hoy me abocan estos adultos que quieren estudiar online.
Se trata de encontrar cómo hacer para que un adulto aprenda más rápido, porque tiene menos tiempo, sabiendo que ya trae aprendizajes y contextos, y de forma mucho más económica, porque la mayoría de estas personas no estudió por temas económicos.
Este triángulo hoy lo habilita la tecnología. Es un leapfrog tremendo, que va a ayudar a que mucha gente que había quedado fuera del sistema educativo pueda desarrollar competencias, encontrar flexibilidad e incorporar aprendizajes para ser competente en lo que necesita para avanzar en su carrera.
-¿Cómo tiene que ser hoy el egresado que llega al mundo del trabajo?
-Creo que tiene que ser una persona con dos brazos bien desarrollados. El primero son las competencias técnicas y para el trabajo que demanda su carrera profesional. Tiene que saber hacer, entender lo que estudia y el grado que obtiene. La tecnología cada vez te facilita más el acceso al contenido, pero que lo sepas hacer es crítico.
El otro brazo son las competencias humanas o para la vida: que puedas ser resiliente, creativo, cuestionador, que puedas discernir, conectar, trabajar en equipo, ser empático. Todas estas habilidades humanas son fundamentales y van a ir ganando relevancia, porque la tecnología nos va a ayudar muchísimo más en la parte técnica.
-¿Qué reto de la educación superior debería tener más agenda hoy?
-Creo que resolver cómo aprenden los adultos, a diferencia de cómo aprenden los jóvenes. Este concepto de andragogía: reconocer que un adulto tiene contextos distintos a los de un joven de 18 años.
La mayoría de los modelos educativos que he visto tratan de evolucionar o transformar algo que se diseñó originalmente para alguien de 18 años que llega por primera vez a estudiar desde la preparatoria.
Un adulto que decide regresar a estudiar, o que viene a estudiar por primera vez, tiene historias de vida y profesionales totalmente distintas, ya trae habilidades y conocimientos previos, y también tiene retos distintos: falta de flexibilidad, falta de tiempo, una vida que se le complica. Aprendemos distinto a los 18 que a los 40, cuando ya tenemos ciertos contextos, experiencias e intereses en por qué estamos estudiando.
Enfocar los modelos educativos para que personas de 25 años para arriba desarrollen conocimientos y competencias de mejor manera es algo de lo que deberíamos estar hablando más. Ahí hay una gran oportunidad: si lo resolvemos, vamos a ayudar realmente a la gente que quedó fuera del modelo educativo a reincorporarse y aprender de la mejor manera, con las barreras que esto tiene.



