Trabajan, estudian y emprenden: el nuevo estudiante peruano
Para Tatiana Tuesta, Gerente General de CERTUS, el cambio de época implica entender que la educación es un proceso para toda la vida.
Por Tatiana Tuesta, gerente general del Instituto de Educación Superior CERTUS.
Durante mucho tiempo, la educación superior respondió a una lógica sencilla: primero se estudiaba y luego se trabajaba. Hoy esa secuencia ha dejado de describir la realidad de miles de jóvenes peruanos. Cada vez son más quienes combinan sus estudios con un empleo, un emprendimiento o proyectos personales. Para ellos, la experiencia profesional ya no comienza al egresar, sino durante su formación.
Las expectativas sobre la educación también cambiaron. Los estudiantes ya no buscan únicamente un título; buscan que lo aprendido sea útil desde el primer ciclo, no al final de la carrera. Por eso, el aprendizaje ya no ocurre solo en el aula, sino también resolviendo problemas, trabajando en equipo y enfrentando desafíos reales. Si esa es la nueva manera de aprender, la pregunta es inevitable, ¿están evolucionando las instituciones al mismo ritmo?
No en la misma medida. Buena parte de los modelos educativos fueron diseñados para estudiantes dedicados casi exclusivamente a estudiar. Hoy las trayectorias son mucho más diversas y la educación debe responder a esa realidad. La flexibilidad ya no consiste solo en ofrecer distintos horarios o modalidades de estudio. Implica reconocer que el aprendizaje ocurre dentro y fuera del aula, y construir modelos que permitan compatibilizar la formación con otras responsabilidades sin perder calidad académica.
Lo que enfrentamos no es solo un desafío para los estudiantes; representa, sobre todo, una oportunidad para transformar la educación peruana. No consiste solo en incorporar tecnologías o ampliar modalidades de estudio, sino en escuchar mejor a los estudiantes y responder a sus necesidades. Poner al estudiante en el centro dejó de ser una ventaja competitiva para convertirse en una responsabilidad.
Ese cambio también redefine el papel de las instituciones y de los docentes. En un contexto donde la información está al alcance de todos y la inteligencia artificial transforma la forma de acceder al conocimiento, enseñar ya no significa únicamente transmitir contenidos. Hoy el docente orienta, desafía y acompaña el proceso de aprendizaje. Su papel es formar personas capaces de aprender, reaprender, desarrollar pensamiento crítico, resolver problemas y mantener una disposición permanente para seguir aprendiendo a lo largo de su vida.
Esta discusión trasciende el ámbito educativo. Según el Ministerio de Educación, el Perú mantiene una brecha cercana a los 600 mil técnicos que demanda el mercado laboral. La otra cara de esa brecha ya se ve en cifras concretas: nuestro Informe de Empleabilidad 2025 muestra que más del 55 % de los egresados técnicos de las carreras de Finanzas y Tecnologías de la Información trabaja en grandes empresas, prueba de que sí existe demanda real cuando la formación conecta con el mercado. El reto es escalar eso hacia el resto del país, formando más talento especializado para un mercado laboral que cambia constantemente y que, en algunos casos, demanda competencias para puestos que aún no existen. Esto exige una relación mucho más estrecha entre academia, empresa y sociedad.
Cada generación desafía a la educación a reinventarse. Quizás el mayor cambio de esta época sea entender que la educación ya no tiene un inicio y un fin: es un proceso que acompaña toda la vida. Y cuando una institución evoluciona a ese ritmo, no solo forma mejores profesionales, sino que fortalece familias, organizaciones y contribuye al desarrollo de nuestra sociedad.



