"Hoy la mayor necesidad formativa ya no está en los estudiantes de 18 años"
Àngels Fitó, rectora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), lee el momento de la educación superior frente al avance de la IA y los nuevos perfiles formativos.
Àngels Fitó es rectora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), una institución educativa de oferta 100% online, con sede en Barcelona y cerca de 100 mil estudiantes.
Desde su rol observa al sector universitario en un momento que define como de desorientación. La inteligencia artificial, dice, está cambiando las premisas sobre las que se fundaron las universidades, y el debate público quedó atrapado en una discusión menor.
“Nos falta una conversación sobre cuál es el impacto de esta inteligencia artificial en la educación, que vaya más allá de los procesos de evaluación. Estamos muy centrados en si el estudiante utiliza o no el ChatGPT para realizar sus trabajos, cuando creo que la conversación debería empezar de algún punto mucho más profundo, casi volviendo a épocas muy remotas, donde nos cuestionábamos realmente qué significaba aprender y cuál era la labor docente en este sentido”.
Para Fitó, hay una segunda conversación pendiente, vinculada al perfil real de quienes hoy demandan formación. “Las universidades están acostumbradas a diseñar procesos de aprendizaje pensando en los estudiantes de 18 años, más o menos bastante homogéneos, cuando la realidad es que la mayor necesidad formativa se produce en un colectivo de personas que son muy diversas, que tienen necesidades muy distintas, que vienen de recorridos muy distintos”.
Lo humano y la IA
Para Fitó, la tecnología no es un complemento de la universidad sino su condición de existencia. Sin embargo, advierte que la tecnología no resuelve por sí sola el desafío central de una universidad: “El reto es cómo maximizar el impacto en las personas, cómo dar el mejor acompañamiento humano partiendo de la base de que la tecnología puede hacer muchas de las cosas que previamente hacíamos de manera manual”.
La rectora plantea la importancia de “movernos de donde estamos e intentar rediseñar los procesos de aprendizaje para que el complemento humano respecto a la tecnología tenga valor”.
“Tenemos que centrarnos en cuestiones de un nivel competencial más elevado: criterio, creatividad, pensamiento crítico, capacidad de evaluar conocimientos más que personas. Si no, estaremos condenados a perder capacidades cognitivas frente a otros agentes automatizados que en determinadas cuestiones lo harán mucho mejor y más rápido que nosotros”, señala.
El ausentismo también ocurre en las aulas virtuales
El momento educativo actual, retrata Fitó, es también una crisis de identidad docente. “Para qué estamos los profesores y profesoras, qué es lo que tenemos que hacer en un contexto donde la IA da respuesta a buena parte de las dudas que pueda tener el estudiante cuando se enfrenta a un reto cognitivo”.
Y reconoce que el fenómeno del ausentismo, hoy en debate en los medios españoles, atraviesa también a su universidad. “Los estudiantes no van a las aulas presenciales porque la manera de transferir los conocimientos se puede hacer desde sus casas. Pero si tenemos que ser sinceros, también hay ausentismo en las aulas virtuales. ¿Por qué? Porque el estudiante tiene agentes a su lado que les dan respuesta a aquellos aspectos que necesitan”, explica.
“Hoy los estudiantes no van a las aulas presenciales y también hay ausentismo en la virtualidad”.
Frente a este diagnóstico, propone salidas: “Estamos en un contexto de desorientación o de reubicación donde la universidad tiene que ser valiente y dar un paso hacia adelante. Necesitamos formar personas que sean capaces de añadir valor a los trabajos que ya realizan las máquinas. El mercado de trabajo está ahí, la tecnología está ahí, pero tenemos que movernos, salir de nuestra zona de confort y mejorar la atención y el acompañamiento al estudiante”.
Defender la singularidad en un sistema competitivo
Para una universidad como la UOC, uno de los desafíos estructurales radica en el propio sistema universitario. “Es difícil defender nuestra singularidad en un contexto aún muy tradicional. Defender las necesidades de una universidad como la nuestra, que necesita ser evaluada y apoyada de manera distinta, y que da respuesta a un conjunto de estudiantes que muchas veces son invisibles para el conjunto del sector universitario”.
A ese problema se suma uno más reciente, dice. La aparición de universidades digitales con fines de lucro, que reproducen la lógica de escalabilidad del modelo online pero no comparten el propósito. “Han aparecido muchas universidades digitales que aprovechan la escalabilidad de una universidad digital, pero normalmente son for profit, y por lo tanto no compartimos propósito”, afirma.
“Para una universidad como la UOC, sin ánimo de lucro y con una fuerte vocación social, corremos el riesgo de ser clasificados en este colectivo de universidades de dudosa reputación”, agrega.
Liderar en un contexto de cambio
Fitó plantea que el liderazgo universitario hoy se ejerce en un contexto de “dilemas perversos”, donde no existen soluciones buenas o malas, sino decisiones que tienen impacto. “Tienes que partir de la base de que no hay decisiones ni buenas ni malas, pero cualquier posicionamiento tiene consecuencias para muchas personas”.
La coherencia entre el discurso y la práctica, dice, es la prueba más exigente en el liderazgo de un rector o rectora. “Tú no puedes ir de líder participativa y democrática, y que después la gobernanza que funciona sea la que solo decides tú”.
Para la rectora, el conocimiento está distribuido en toda la organización. “En todos los rincones de la universidad hay gente que sabe mucho mejor que yo qué hacer frente a determinadas situaciones, y por lo tanto canalizar toda esta experiencia y toda esta motivación es fundamental”.
“En Latinoamérica hay una conciencia muy fuerte de la universidad respecto al territorio”
Fitó participa con frecuencia de congresos y debates universitarios en todo el mundo, y desde esa experiencia identifica desafíos compartidos entre Latinoamérica y España: el impacto de la inteligencia artificial, la necesidad de recalificación de muchas personas, el foco creciente en la formación a lo largo de la vida, y la urgencia de defender el valor público de la educación frente a lo que describe como un discurso contra el conocimiento.
“Debemos defender el valor público de la educación”, plantea. “Hacer negocio con la educación no es una buena estrategia”.
Además, menciona una diferencia que considera significativa. “En Latinoamérica hay una conciencia o un vínculo muy fuerte de la universidad respecto al territorio. Las universidades son instituciones centrales dentro del imaginario institucional de la ciudadanía, y por lo tanto ocupan una posición muy relevante. Esto se traduce en una conciencia muy grande sobre cuál es la labor, cuál es la función, cuál es el propósito”.
En Europa, en cambio, las conversaciones suelen tomar otro rumbo, explica. “A veces los debates se derivan hacia cuestiones más técnicas, más administrativas”.
Qué es la universidad hoy
Para Fitó, repensar la universidad es una condición de supervivencia institucional en un escenario donde está en disputa la propia legitimidad del conocimiento. “Debemos combatir este discurso absurdo contra el conocimiento y contra la legitimidad de las universidades como generadoras y transmisoras de ese conocimiento”, afirma.
“La Universidad tiene que ser un espacio de amplio acceso, que haga que la adquisición de conocimiento sea agradable por parte del estudiante, que tenga experiencias de aprendizaje positivas. Y que todos estos retos, todas estas evoluciones que tenemos que hacer como institución, las discutamos en términos de igualdad con las personas a las cuales servimos, que es el conjunto de la ciudadanía”, propone.




