"Me preocupa más la soledad de los jóvenes que la IA"
Luis Eduardo Alverde, rector de la Universidad Anáhuac Querétaro, lee el momento actual de la educación superior y habla de poner el foco en lo humano.
Luis Eduardo Alverde es rector de la Universidad Anáhuac Querétaro desde 2006, una institución privada y católica que reúne cerca de 9 mil estudiantes en su campus, con una mayoría mexicana y presencia de alumnos latinoamericanos.
La universidad está ubicada en uno de los estados de mayor crecimiento económico de México, dato que Alverde menciona para describir el ánimo de su alumnado. Los estudiantes que llegan, dice, traen liderazgo, ganas de emprender y, sobre todo, una confianza que él no recuerda en su propia juventud: “Son jóvenes que creen mucho en ellos mismos y que llegan a la universidad a seguir soñando”.
Esa prosperidad regional también marca la relación de los egresados con el trabajo. Donde otras instituciones leen temor frente a un mercado laboral incierto, Alverde describe confianza. “No veo miedo en los estudiantes de conseguir trabajo o de emprender”, sostiene. En su universidad, el 95% de los graduados trabaja en lo que estudió al año de recibirse y más del 65% obtiene empleo al momento de graduarse.
La IA como herramienta, no como amenaza
Sobre la inteligencia artificial, el rector se corre de la narrativa de la amenaza que domina buena parte del debate. “Veo a la IA como una herramienta para diferenciar a mis estudiantes, a mis egresados del mercado laboral, porque van a salir con la capacidad de pensar y de utilizar su pensamiento crítico para la toma de decisiones”, plantea.
Su convicción se traduce en una apuesta institucional concreta. La universidad capacita a 1.600 profesores y colaboradores para que, a partir de agosto de este año, todas las clases se dicten utilizando inteligencia artificial.
Para Alverde, el punto de partida del cambio es el propio docente: “Ya todos los jóvenes utilizan la IA para responder tareas, trabajos, proyectos. Hay que aprender a usarla y eso parte desde el profesor”.
Desde su rol, lo importante es predicar con el ejemplo, dice. En la misma mañana en la que fue entrevistado por InsightED, tomó un curso de dos horas y media sobre inteligencia artificial, y se entusiasma al hablar de las posibilidades de esta tecnología para con la educación.
“Es apasionante cómo tienes que abrirte con la inteligencia artificial para compartirle lo que quieres, lo que eres, para que piense como tú y te responda como tú quisieras”, dice. Para él, el miedo se disuelve con el conocimiento: “La IA, quitándonos los miedos y dominándola, va a ser una herramienta que nos va a hacer mucho más potentes”.
“Hay una desconexión en los jóvenes y tenemos que volver a convocarlos”
Si la tecnología ocupa cada vez más terreno, Alverde tiene claro dónde queda lo insustituible. Y ahí aparece su preocupación de fondo, esa que ubica por encima de cualquier debate sobre automatización. “Me preocupa la ansiedad del joven. Me preocupa su soledad”, dice.
Para el rector, el exceso de conexión termina operando en sentido inverso al esperado: “El joven de ahora, al tener un teléfono, en vez de acompañarse se aísla más”. Y el fenómeno, advierte, no es solo de los estudiantes: “Los padres también tienen cuenta de Instagram y se distraen”.
“Hay una desconexión social en estos tiempos en los jóvenes, y nosotros, los adultos o los formadores, debemos volver a convocarlos”, dice.
Su propuesta es volver a la presencialidad como el corazón de la experiencia universitaria: “Más que nunca, los jóvenes necesitan sentir que tienen a un humano enfrente”.
La Anáhuac Querétaro trabaja sobre un perfil de estudiante de tiempo completo, que pasa entre ocho y diez horas en un campus de 20 hectáreas -hoy en plena expansión hacia otras 20- donde el estudiante entrena, come con amigos, hace deporte y participa de actividades culturales.
“Las universidades tienen que ser lo más humanas posible porque ese es nuestro valor agregado”, plantea el rector.
Ese mismo valor define el perfil de egresado que la universidad busca formar. Para Alverde, el mercado laboral demanda profesionales que combinen capacidades técnicas con habilidades humanas.
“Una competencia voraz y un liderazgo individual no funcionan. El ser humano es un ser social que necesita al otro para sentirse feliz”, dice.
Por eso, ubica al trabajo en equipo y la formación en valores en uno de los eslóganes de la casa de altos estudios: el liderazgo de acción positiva. La aspiración es formar líderes que “con su acción buena transformen a la sociedad”, acompañados por profesores que funcionan como “testimonios vivos de que el bien existe”.
Esa idea es la que ordena su propia manera de entender el liderazgo.
Alverde lleva 28 años trabajando en universidades y fundó la Anáhuac Querétaro, que hoy emplea a más de 2.500 personas. Tras dos décadas de gestión, se apoya en una imagen que toma del autor Simon Sinek: el líder come al final.
“Uno tiene que hacer que todos coman, que todos estén bien. Y luego tú comerás tranquilo de que toda tu gente está en paz”, dice.
Para él, el rectorado es la síntesis de una tarea que define como un servicio: “Yo trabajo aquí para los estudiantes. Mi verdadero sentido es ser un facilitador de sueños de nuestros jóvenes”.




