La OCDE publicó este 8 de septiembre los resultados de PISA 2025, la evaluación que mide cada tres años los aprendizajes de estudiantes de 15 años en 91 países.
En América Latina, la mayoría de los países evaluados retrocedió o se estancó frente a 2022. Los gobiernos que se pronunciaron oficialmente se dividieron entre el reconocimiento, la atribución de responsabilidad a gestiones anteriores y la lectura optimista, mientras el debate se trasladó también a las redes sociales.
Los números de la región
Más de 760.000 estudiantes de 15 años rindieron en 2025 las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA).
El informe ubica a Uruguay y Chile como los países latinoamericanos con mejor desempeño relativo, mientras que Guatemala y Paraguay cierran la tabla regional en las tres áreas evaluadas.
Cinco países (Chile, Perú, Argentina, Paraguay y Guatemala) retroceden en las tres áreas al mismo tiempo.
Latinoamérica a nivel global
Ningún país latinoamericano supera el promedio de la OCDE en ciencias. Uruguay, el mejor posicionado de la región, ocupa el puesto 42 entre las 91 economías evaluadas y está 152 puntos por debajo de B-S-J-Z (China), el líder mundial.
Guatemala, el más rezagado, queda a 246 puntos de esa cima. Con una caída de 37 puntos en lectura, registra el desplome más pronunciado de todo el continente en esa materia.
Las reacciones oficiales
Los gobiernos que se pronunciaron sobre el informe tomaron caminos distintos. El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, planteó el diagnóstico en clave de política pública: dijo que el informe demuestra la urgencia de revertir el descenso en el rendimiento estudiantil, y señaló que los sistemas educativos más exitosos invierten en el profesorado y dan apoyo específico a quienes más lo necesitan.
Además, desde la institución manifestaron que “los países deberían invertir donde más importa: en una enseñanza de alta calidad y en aulas donde los estudiantes puedan concentrarse y aprender”.
En Argentina, el Ministerio de Capital Humano vinculó el retroceso con una cultura educativa instaurada durante los gobiernos anteriores y sostuvo que la tendencia global de estancamiento no explica por sí sola la magnitud de la caída en el país. Postura contraria a la oposición, que culpó al desfinanciamiento educativo del gobierno de Javier Milei.
En Guatemala, el Ministerio de Educación admitió que los resultados son una realidad muy dura y los explicó por la trayectoria acumulada de una generación que cursó la primaria durante la pandemia.
Brasil, en cambio, eligió una lectura optimista. El Ministerio de Educación del gobierno de Lula destacó que el país está entre los diez que más mejoraron en las últimas dos décadas en las tres áreas evaluadas, y remarcó que el 81% de los alumnos brasileños estudia en escuelas con restricciones al uso del celular.
El debate en las redes
Más allá de los comunicados oficiales, el informe abrió una discusión pública de todo el arco social y político. En Colombia, el caso más visible de la región, especialistas y dirigentes de distintos signos políticos se pronunciaron en X apenas se conocieron los datos.
La decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la Javeriana, Luz Karime Abadía, señaló que las cifras “deben encender las alarmas”.
Desde el Centro Democrático, la exsenadora Paloma Valencia y el representante Daniel Briceño pidieron evaluación docente y más colegios en concesión. Desde la vereda opuesta, las congresistas María Fernanda Carrascal y Jennifer Pedraza cuestionaron el uso de los datos y defendieron el fortalecimiento de la educación pública, mientras Fecode, el sindicato docente, rechazó que se responsabilice al magisterio.
Algunas reacciones a nivel global
Más allá de los comunicados oficiales, el informe también generó un intercambio intenso en redes sociales, con un tono que en general leyó los resultados en clave de alarma. Varias publicaciones pusieron el eje en la distancia con los sistemas educativos asiáticos, que volvieron a liderar la tabla, y en que el deterioro se sostiene incluso varios años después de la pandemia.
Otras lecturas conectaron el estancamiento con la irrupción de la inteligencia artificial, y plantearon qué lugar ocupará en el mercado laboral una generación que hoy no alcanza los niveles mínimos de competencia.






















