Fotografía: Southern New Hampshire University
Elegir universidad en 2026 implica tomar una decisión en un mercado laboral que la inteligencia artificial está reconfigurando a gran velocidad. Paul LeBlanc, quien dirigió universidades durante dos décadas y en los últimos años estudia cómo la IA transforma el sector, planteó en una columna publicada en Washington Monthly que ningún pronóstico puede anticipar con precisión qué empleos van a sobrevivir.
“La respuesta honesta es: no lo sabemos. Lo que sí podemos hacer es apuestas inteligentes”, escribe.
El clima de época acompaña esa incertidumbre. Según las encuestas que cita el autor, siete de cada diez estadounidenses creen que la IA avanza demasiado rápido. Entre los docentes, el 63% considera que los graduados de este año llegan poco preparados a un mundo del trabajo atravesado por esta tecnología.
Apostar a un sector
La propuesta de LeBlanc es orientar la elección hacia sectores amplios. El primero es la economía del cuidado: salud, educación, cuidado infantil y de adultos mayores, trabajo social y terapias, áreas donde la presencia humana define el valor del servicio.
El segundo es la economía creativa, que incluye diseño, arte, arquitectura, cine y oficios artesanales. El tercero reúne los roles de gestión de IA, es decir, personas que supervisan y toman decisiones sobre los sistemas automatizados.
Como dato de demanda, el autor recuerda que la UNESCO estima que el mundo va a necesitar 44 millones de nuevos docentes hacia 2030, y anticipa que los salarios del sector de cuidados tenderán a mejorar a medida que el talento migre hacia esos trabajos.
Qué preguntar en una universidad
Para la elección de una universidad, LeBlanc sugiere tener en cuenta dos ejes. El primero es la preparación para la IA: políticas claras que promuevan su uso, docentes que trabajen con estas herramientas, evaluaciones basadas en proyectos, prácticas profesionales y reglas transparentes sobre el uso de los datos de los estudiantes. El autor considera que estas condiciones se volverán un piso común.
El diferencial, según su mirada, está en el segundo eje: una formación que desarrolle la metacognición, la amplitud entre disciplinas, la empatía, el razonamiento ético, la mentoría cercana y una misión institucional clara.
Ese modelo coincide con la tradición de las artes liberales, una formación que combina humanidades, ciencias y artes.
LeBlanc señala que los empleadores piden exactamente esas competencias: el 90% valora el estudio interdisciplinario y el 81% prioriza la adaptabilidad.



