"La universidad mexicana no necesita actualizarse, necesita reinventarse"
En diálogo con InsightED, Ricardo Phillips, CEO de Universidad Insurgentes, advierte que la innovación en educación superior dejó de ser una elección para convertirse en una cuestión de supervivencia
En una conversación directa y sin eufemismos, Ricardo Phillips, CEO de Universidad Insurgentes, plantea un diagnóstico contundente sobre el presente de la educación superior en América Latina: las universidades enfrentan un escenario donde adaptarse ya no alcanza.
Con más de 26 mil estudiantes y presencia en 20 sedes en México, la institución que lidera atraviesa un proceso de transformación que, según Phillips, marca el camino para el resto del sistema: innovar en todos los frentes, redefinir el rol docente, incorporar tecnología con sentido y sostener un compromiso real con el entorno social.
“No podemos pensar que las universidades son inmunes al cambio”
Phillips define el contexto actual como un momento darwiniano para la educación superior.
“Las universidades que no se adapten van a desaparecer”, afirma, y advierte que el proceso de consolidación ya está en marcha en la región.
Desde su mirada, la necesidad de transformación responde a múltiples factores: cambios demográficos, avances tecnológicos y transformaciones culturales que impactan directamente en cómo se enseña, se gestiona y se vinculan las instituciones con su comunidad.
“Lo que funcionaba hace 20 años ya no funciona hoy. Ni en la docencia, ni en la gestión, ni en la manera de comunicar”.
De expertos a mentores: el nuevo rol del docente
Uno de los ejes centrales de esa transformación es la redefinición del rol docente.
En Universidad Insurgentes, el modelo deja atrás la figura del profesor como transmisor de contenido para avanzar hacia un enfoque centrado en el acompañamiento.
“Nuestros docentes ya no son expertos en contenido. Son coaches académicos, acompañantes del proceso formativo. Son mentores emocionales”.
Según explica Phillips, esta evolución responde a una demanda clara de los estudiantes, que buscan no solo adquirir conocimiento, sino también contar con acompañamiento humano durante su trayectoria educativa.
El foco, en ese sentido, se amplía hacia dimensiones como la ética, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional y el uso pedagógico de la inteligencia artificial.
IA, eficiencia operativa y reinversión humana
La incorporación de inteligencia artificial es otro de los pilares del modelo.
Phillips reconoce que la tecnología ya está transformando múltiples procesos dentro de la universidad: desde la automatización administrativa hasta la generación de contenidos y el acompañamiento a estudiantes a través de herramientas digitales.
Sin embargo, subraya que el diferencial no está en la adopción tecnológica en sí, sino en cómo se utilizan los recursos que esa eficiencia libera.
“Hemos logrado automatizar procesos que antes requerían muchos recursos. Pero no perdemos de vista lo más importante: el contacto humano”.
En esa línea, la institución reinvierte esos ahorros en fortalecer el vínculo con los estudiantes: más tutores, mejor formación docente y una experiencia educativa más cercana.
“Lo que el estudiante valora es ser escuchado, sentirse acompañado. Y ahí no hay robot que reemplace esa experiencia”.
Una universidad que aprende
Lejos de concentrar la innovación en un área específica, Universidad Insurgentes trabaja bajo un modelo organizacional donde la transformación es transversal.
“La innovación no se puede delegar. Es de todos”, sostiene Phillips.
La institución opera con dinámicas interáreas y un enfoque de aprendizaje organizacional que pone en el centro la mejora continua, la escucha activa y el aprendizaje a partir del error.
“Queremos ser una universidad que aprende para crecer”.
Educación con propósito y alianzas estratégicas
Otro de los ejes que define el posicionamiento de la universidad es el propósito.
A través del programa ADN UIN, la institución trabaja en iniciativas vinculadas a género, medio ambiente, ciudadanía y emprendimiento social, alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
“Lo que queremos es que nuestros estudiantes sientan que están en una universidad con valores. Que estudian en una institución que mejora el mundo que habitan”.
Este enfoque también se traduce en una estrategia activa de alianzas con el sector productivo y tecnológico. La universidad mantiene acuerdos con organizaciones como Google, Coursera, Santander Universidades y diversas ONGs, con impacto directo en la formación y la empleabilidad.
“Las universidades que piensan que pueden hacerlo todo solas están condenadas al fracaso”.
El futuro: consolidación, tecnología y humanidad
Hacia adelante, Phillips anticipa un escenario de consolidación del sistema universitario en América Latina.
“Las universidades chicas, sin escala, sin alianzas, sin propósito claro, van a desaparecer”, advierte.
En ese contexto, señala que las instituciones que lideren serán aquellas que logren combinar tres dimensiones clave: tecnología, colaboración y humanidad.
“Las universidades que lideren serán las más tecnológicas, más aliadas entre sí y más humanas”.
Y concluye con una definición que sintetiza su visión sobre el rol de la educación superior:
“Formamos personas que estén listas para cambiar el mundo. No solo para conseguir un empleo”.



