Harold Castilla Devoz es rector general de UNIMINUTO (Corporación Universitaria Minuto de Dios), una institución colombiana con 34 años de historia y presencia en distintas regiones del país.
Estudió filosofía, teología, ciencias sociales, pensamiento social de la Iglesia, gestión y administración y un doctorado en educación.
Es sacerdote y lleva casi diez años al frente de la universidad colombiana. Un período en el que se define como “el rector de la transformación”.
UNIMINUTO recibe estudiantes de los estratos 1, 2 y 3, los niveles socioeconómicos más bajos de la clasificación del país, que buscan flexibilidad y un acceso real al empleo y al emprendimiento.
Su mirada sobre la región parte del rol social de la educación superior. Para Castilla, América Latina avanzó en acceso y en calidad. Por eso, la conversación pendiente pasa por el impacto social y la formación de ciudadanos comprometidos con la democracia.
¿Cuál es la conversación que hoy hace más falta en educación superior?
-Sin dudas, hace falta hablar del impacto social de la educación superior en América Latina.
La educación superior tiene un compromiso de formación ciudadana, y la democracia tiene que jugar mucho a la hora de formar ciudadanos comprometidos con el desarrollo social de nuestros países.
Todavía hay indicadores bastante complejos en términos de desarrollo, de pobreza, de inequidades sociales. Es verdad que hemos avanzado en los atributos de calidad y en los de acceso. La masificación es real, y el número de estudiantes que hoy están matriculados es importante. Aunque el concepto de educación hoy pasa por muchos otros formatos, la universidad sigue siendo un escenario importante para el desarrollo de competencias y habilidades académicas o de aprendizaje.
Pero creo que todavía tenemos una deuda bastante importante en ese impacto social y en la formación ciudadana, en orden a construir esa democracia que tanto necesitamos en nuestros países.
La inteligencia artificial ocupa buena parte de la agenda del sector. ¿Qué lectura hace de esa discusión?
-Hoy el tema es ese también. No hay encuentro, no hay congreso, no hay reunión del mundo universitario que no tenga presente a la inteligencia artificial.
Creo que más que de adaptación, se trata de apropiación de esta herramienta en nuestro contexto educativo. La gente está usando la inteligencia artificial. Pero la capacidad institucional de los Estados, las políticas públicas, el desarrollo y la formación, especialmente de los profesores y de quienes estamos en el campo de la educación, no siempre va a la par.
Se usa, pero tenemos que tener una gobernanza muy clara sobre eso, una dimensión humanista y ética de lo que significa. En las últimas semanas hemos visto discusiones de los grandes gurús, como los llamo yo, de las grandes empresas de inteligencia artificial, que están pidiendo ir más lento. Incluso el gobierno estadounidense ya habla directamente de super inteligencias.
Creo que debemos rodear de capacidades esta gran apuesta de innovación, sin frenarla, sin tenerle temor y sin hacer la vista gorda.
Las organizaciones hoy son agénticas y creo que eso es lo que va a pasar y lo que está pasando en este momento: combinar las inteligencias humanas con estas inteligencias artificiales o super inteligencias. Hay que rodearlas de gobierno, de ética y de esta dimensión humanista para que las cosas no se nos salgan de las manos.
En una institución masiva como UNIMINUTO, ¿qué buscan los estudiantes cuando llegan a la universidad?
-Justo acabamos de finalizar una encuesta a más de 2.500 estudiantes, que venimos realizando desde hace varios años desde la Vicerrectoría General Académica. Leyendo los resultados, el estudiante hoy quiere tener una experiencia muy significativa en su proyecto educativo.
Quiere armar su propio portafolio. Quiere desarrollar competencias y habilidades en una perspectiva muy flexible. Y más para nosotros, una universidad cuyos estudiantes son de estratos 1, 2 y 3. Para ellos, tener acceso rápido al mundo del emprendimiento y de la empleabilidad es muy clave. La pregunta es cómo las instituciones favorecemos esa manera de entender el mundo que tienen ellos.
Están conectados digitalmente, por supuesto, aunque no siempre con la alfabetización digital más acuciosa, y esa es parte de la labor que nos corresponde como responsables de su proyecto educativo. En todo ello, lo que quieren es que esos mecanismos y esas capacidades favorezcan una experiencia positiva.
Eso es lo que buscan: flexibilidad, experiencia y conectarse rápidamente con el mundo real. Están exigiendo que se los conecte con ese mundo.
Los estudiantes se preparan para un mercado laboral en transición, ¿cómo se gestiona esa incertidumbre?
-Efectivamente tenemos fundamentos analíticos, estudios, investigaciones como las del Foro Económico Mundial, que nos dicen que el mundo del trabajo cambió y sigue cambiando.
Hace unos quince días tuve un panel aquí mismo, en Medellín. Me invitaron a conversar con otros rectores de América Latina en una mesa de Ellucian. Y la conversación era la pregunta que usted me está haciendo: ¿Cuáles son las implicaciones que tiene para el mundo universitario la transformación del mundo del trabajo?
Mi respuesta es que tenemos que hacer que nuestros estudiantes sean capaces de aprender a aprender. Ese es el camino para UNIMINUTO como institución universitaria hoy.
Por supuesto que hay que prepararlos en las habilidades y competencias clave del mundo contemporáneo, especialmente en el ámbito digital. Pero lo mejor que puede pasar en nuestro proyecto educativo es que el estudiante sea capaz de aprender a aprender frente a las distintas realidades que va a enfrentar. Hoy es esta inteligencia artificial. Mañana, ¿qué será? El mundo cambia dinámicamente, todos los días, y tenemos que ser capaces de formar a nuestros estudiantes para afrontar ese cambio con la oportunidad que tienen, todos los días, de incorporar nuevas habilidades y nuevas competencias.
Ese es el mundo de hoy. Hay estudios que dicen que, a lo largo de la vida, una persona va a tener la posibilidad de cambiar de profesión hasta cinco, seis y siete veces. A mí me pasó: yo era estudiante de filosofía y hoy hablo de educación. La inteligencia artificial es una prueba de que tenemos que estar preparados para aprender a aprender.
¿Hubo alguna decisión como rector que en su momento le generó dudas y que después resultó clave para la institución?
- Sí, claro. Son casi diez años de historia como rector general, y ha habido muchas decisiones que tomar. Sobre todo, decisiones que tienen que ver con adecuar la institución universitaria y sus capacidades a los momentos, los retos y los desafíos del mundo contemporáneo.
Ha sido difícil, porque la gestión del cambio no es tan fácil. Cambiar el mindset de nuestra gente, de profesores, de colaboradores, el mío mismo, no es de la noche a la mañana. Es un ejercicio de toma de conciencia, de lectura permanente y de saber que la universidad tiene que responder en coherencia, siempre guardando la misión de la institución.
Es evidente que estos últimos años fueron muy desafiantes: vivir una pandemia, la post-pandemia, la transformación digital, el cambio del mundo del trabajo. Son realidades que hoy desafían a cualquier rector y a cualquier institución, y más a una como esta, tan grande, con tantos miembros y presente en tantas partes de Colombia.
¿Cuál cree que es el próximo gran reto de la educación superior en la región?
-Yo creo que el gran reto es flexibilizar mucho más nuestra apuesta educativa. Hoy hablamos mucho de lo que los estudiantes, el mundo del trabajo y los seres humanos están exigiendo en esa preparación, y de estar acordes con los tiempos.
Las transformaciones institucionales son un reto y no todas las instituciones de América Latina están en esa ruta.
Porque finalmente a veces surge la pregunta: ¿la universidad para qué?, si hay otras plataformas, otras formas de integrar certificaciones, habilidades y competencias.
Yo no soy partidario de esa idea. Creo que la universidad tiene una visión integral de formación que va más allá de una simple plataforma de certificaciones. Y tenemos que ser capaces de proponer una oferta de programas muy acorde con los tiempos. No ser tan rígidos en la arquitectura, en la organización, en nuestra propuesta de valor, en la oferta de programas. Flexibilizar lo más que podamos, integrar mucho la tecnología y hacer ese ejercicio de conexión permanente, para que los estudiantes sientan que tienen aprendizajes suficientes para insertarse en los sectores de la productividad y la competitividad.
La universidad va más allá de lo profesionalizante: es integral, es formación humana. Y ese es un reto grande para América Latina y para el mundo, en términos de formación integral. Tenemos que ser capaces de que el componente humano jamás desaparezca de nuestras propuestas educativas y de nuestros planes institucionales.
Los líderes inspiran, pero también se inspiran en otros. ¿Qué lo inspira a usted? ¿De qué se nutre para liderar equipos y tomar decisiones?
- Uno tiene que inspirarse todos los días y mantenerse muy activo en esa inspiración. Primero, mi inspiración es Dios. La vida espiritual, mi compromiso sacerdotal, poder auscultar en la palabra de Dios qué me dice, por dónde me orienta, qué discierno, cuál es el camino a seguir.
En términos más sociales, leo mucho a Paul Le Blanc, que creo que hoy es una referencia importantísima en transformación de la educación superior. Leo mucho a los tanques de pensamiento mundiales que siempre están haciendo análisis. Estoy muy en línea con la política educativa de los países latinoamericanos, de Europa y de Asia.
Y plataformas como InsightED, que hoy cobró una fuerza significativa en el sector, con tantos gurús, como yo los llamo, que ustedes están siempre mirando y entrevistando.
Hay muchas inspiraciones: espirituales, sociales y, muy en particular, educativas.




