Las habilidades maker son las capacidades prácticas que hacen funcionar la economía física: construir e instalar infraestructura, operar equipos y maquinaria, y manipular y procesar recursos materiales.
Las personas cuyo trabajo depende de ellas representan el 45,6% del empleo mundial, según el nuevo informe de la serie New Economy Skills del Foro Económico Mundial.
El informe organiza el concepto en esas tres áreas y las apoya sobre dos capacidades humanas. La primera es la destreza manual, que incluye resistencia y precisión para manejar herramientas y materiales. La segunda es el procesamiento sensorial: la habilidad de interpretar el entorno a través de la vista, el oído y la percepción del espacio.
Con esa definición, el universo maker abarca desde agricultores y electricistas hasta soldadores, técnicos de climatización, operadores de maquinaria pesada, ensambladores y personal de limpieza. En América Latina y el Caribe, estos perfiles reúnen a la mitad de los trabajadores (50,3%) y generan el 36,1% de los ingresos laborales de la región.
Una demanda que se acelera
La expansión de centros de datos para IA, la transición energética, la relocalización de la industria y la renovación de infraestructura empujan la demanda en la misma dirección. Entre las 28 habilidades que analiza el informe, construir e instalar encabeza el ranking de las más asociadas a los empleos que crecerán hacia 2030. Los puestos en expansión la requieren en un nivel 140% superior al de los puestos en retroceso.
El perfil, además, se transforma. La IA y la robótica ya forman parte de fábricas, obras, depósitos y campos, y los empleadores buscan trabajadores que combinen oficio y competencias digitales. El 57% de los makers encuestados dice necesitar más formación en IA para seguir vigente en el mercado laboral; en América Latina, la proporción llega al 63%.
El cuello de botella está en la formación
La oferta de talento crece más lento. En Asia, Europa y América del Norte, entre el 20% y el 35% de los makers tiene 55 años o más, y las mujeres ocupan el 30% de estos puestos, frente al 49% en el resto de las ocupaciones. Entre los adolescentes, solo el 13% de los varones y el 4% de las chicas se imaginan trabajando en estos oficios.
Parte de la explicación aparece temprano. En los países de la OCDE, el aprendizaje práctico ocupa el 4,5% del tiempo de clase obligatorio en primaria y secundaria básica. Más adelante, la formación técnico-profesional (los estudios de oficio orientados a un empleo concreto) gana en valoración frente a la universidad en apenas el 15% de los países, según la opinión de líderes empresariales.
Para cerrar esa brecha, el informe propone cinco prioridades: diseñar trayectos técnicos para las industrias que vienen, sumar IA y habilidades digitales a los planes de estudio, empezar a formar estas capacidades desde la infancia, ampliar las prácticas y el aprendizaje en el lugar de trabajo, y volver visibles y trasladables las habilidades adquiridas. En ese último punto, el documento señala a las microcredenciales y al reconocimiento de aprendizajes previos, que certifica lo aprendido en el trabajo, como herramientas para que ese saber circule entre empleadores, sectores y países, y para facilitar el paso entre la formación técnica y la académica.



