Por Guido Grinbaum, Co-founder & Chairman POK
Durante mucho tiempo pensamos la educación y el trabajo como dos etapas diferentes de nuestras vidas. Primero estudiábamos, después nos incorporábamos al mundo laboral y, eventualmente, volvíamos a capacitarnos.
Creo que estamos entrando en una nueva era en la que esa separación va a desaparecer.
Me imagino un futuro en el que aprender y trabajar sean parte de un mismo proceso continuo. Un mundo donde las universidades, las personas y las empresas estén permanentemente conectadas, compartiendo información, conocimientos, necesidades y oportunidades.
Y creo que las universidades tienen una oportunidad extraordinaria de convertirse en protagonistas de esta transformación.
Históricamente, la relación entre una universidad y sus estudiantes estuvo concentrada en los años de formación. El alumno ingresaba, cursaba una carrera, obtenía su título y comenzaba una nueva etapa. En el futuro, imagino una relación muy diferente.
Las universidades podrán acompañar a sus estudiantes durante toda su trayectoria profesional. No solamente hasta la graduación, sino durante los siguientes 30 o 40 años.
Un profesional que necesite actualizar sus conocimientos, incorporar nuevas habilidades, cambiar de industria o reinventarse encontrará en su universidad un socio permanente para seguir creciendo.
El título universitario seguirá teniendo un enorme valor. Pero dejará de representar el final de una etapa educativa para convertirse en el comienzo de una relación mucho más larga.
Las habilidades como lenguaje común
Para que este nuevo ecosistema funcione, necesitamos un lenguaje que conecte la educación con el mundo del trabajo. Creo que ese lenguaje serán las habilidades.
Las universidades podrán identificar las habilidades que desarrollan sus estudiantes a través de sus carreras, cursos y experiencias de aprendizaje.
Las personas podrán construir un mapa dinámico de sus capacidades, que evolucione a medida que estudian, trabajan y adquieren nuevas experiencias.
Y las empresas podrán expresar con mayor claridad qué habilidades necesitan, tanto para incorporar talento como para desarrollar a sus propios equipos.
Imaginemos las posibilidades cuando estos tres mundos comiencen a conversar entre sí. Un estudiante podrá descubrir qué oportunidades profesionales se relacionan con sus capacidades. Un trabajador podrá identificar qué necesita aprender para acceder a una nueva posición. Y una universidad podrá desarrollar propuestas educativas conectadas con las necesidades de las empresas.
Todo esto de manera dinámica y permanente.
La tecnología como gran facilitador
La inteligencia artificial tendrá un papel fundamental en esta transformación.
Nos permitirá interpretar enormes cantidades de información, identificar habilidades, descubrir brechas de conocimiento y recomendar experiencias de aprendizaje personalizadas.
Las microcredenciales, por su parte, permitirán reconocer y demostrar los aprendizajes que las personas incorporen a lo largo de su vida, complementando los títulos universitarios.
Pero lo verdaderamente importante no será la tecnología en sí misma.
Será lo que podremos hacer con ella: conectar personas con oportunidades, universidades con empresas y aprendizaje con desarrollo profesional.
Una oportunidad extraordinaria para las universidades
Hay algo de este futuro que me entusiasma especialmente.
Las universidades podrán ampliar enormemente su impacto en la sociedad.
Dejarán de estar vinculadas principalmente a una etapa de formación para convertirse en instituciones que acompañen el desarrollo profesional de generaciones enteras.
Podrán mantener relaciones activas con sus graduados, comprender cómo evolucionan sus carreras, anticipar nuevas necesidades educativas y colaborar cada vez más estrechamente con el mundo productivo.
Y las empresas encontrarán en las universidades aliados estratégicos para desarrollar el talento que necesitan.
No imagino un futuro donde la educación esté subordinada al empleo. Todo lo contrario. Creo que una educación integral, que desarrolle pensamiento crítico, creatividad, capacidad de adaptación y conocimientos profundos, será más importante que nunca.
La gran oportunidad es sumar a esa formación una conexión permanente con el mundo laboral.
El futuro es una relación que nunca termina
Después de tantos años trabajando en tecnología y conversando con universidades de distintos países, estoy convencido de que estamos frente a una de las transformaciones más interesantes de la educación superior.
Un futuro donde cada aprendizaje pueda abrir nuevas oportunidades. Donde las personas puedan reinventarse tantas veces como lo necesiten. Donde las empresas participen activamente en el desarrollo del talento. Y donde las universidades acompañen ese recorrido durante toda la vida.
Porque quizás el cambio más importante de la universidad del futuro no sea cómo enseñará, sino durante cuánto tiempo formará parte de nuestras vidas.
Y mi visión es que esa relación ya no tendrá fecha de finalización.



