El desempleo juvenil bajó en Latinoamérica, pero sigue siendo mayor al de los adultos
Según la OIT, la desocupación de 15 a 24 años bajó de 17,7% a 11,3% en la última década.
La desocupación juvenil en América Latina y el Caribe cerró 2025 en 11,3%, su nivel más bajo en diez años. La cifra sigue siendo 2,8 veces superior a la de los adultos, que se ubicó en 4,1%.
El informe Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe, primera edición de esta serie publicada por la OIT en julio de 2026, describe esta brecha como uno de los rasgos estructurales del mercado laboral regional, incluso en un año de mejora generalizada.
La reducción viene de una caída sostenida desde 2016, cuando la desocupación joven triplicaba a la adulta. Hoy la relación bajó a 2,8 veces.
Entre países, las diferencias son marcadas: Bolivia, Guatemala, México y Ecuador registran las tasas más bajas, todas por debajo del 8%, mientras que Uruguay, Panamá, Chile, Costa Rica, Argentina y Colombia superan el 17%, con hasta una de cada cinco personas jóvenes económicamente activas sin trabajo.
Detrás de la desocupación aparece un problema más extendido: la informalidad.
En 2025, el 59,1% de los jóvenes ocupados trabajaba en condiciones informales, doce puntos por encima del promedio regional (47,4%, el nivel más bajo desde 2019).
El informe atribuye esa mejora regional al crecimiento del empleo formal, que en 2025 se ubicó 14,9% por encima de su nivel prepandemia, mientras el informal apenas subió 0,8% en el mismo período. Entre los jóvenes, sin embargo, la informalidad se mantiene cerca del 60% desde hace varios años, una distancia con los adultos (45,6%) que casi no se modificó en la última década.
La brecha de género se profundiza en este grupo etario. En el primer semestre de 2025, el 24% de las mujeres jóvenes no estudiaba ni trabajaba de forma remunerada, casi el doble que los hombres jóvenes (13%). La OIT vincula esa diferencia a la distribución desigual del trabajo de cuidados no remunerado, que limita a la vez la inserción laboral y la continuidad educativa de muchas mujeres jóvenes durante la transición a la vida adulta.
La directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Ana Virginia Moreira Gomes, señala en el prólogo del informe que persisten desafíos estructurales relacionados con la calidad del empleo y la inclusión laboral de las personas jóvenes.
El diagnóstico se enmarca en una región que, según el informe, transita de la fase de recuperación pospandemia hacia una de consolidación: el PIB regional creció 2,4% en 2025 y las proyecciones para 2026 rondan entre 2,2% y 2,3%.
Frente a ese escenario de crecimiento moderado, la OIT plantea que sostener las mejoras del mercado laboral joven requiere articular mejor los sistemas educativos con las demandas del mercado de trabajo, combinando formación técnica con competencias cognitivas y socioemocionales, y fortalecer los programas de aprendizaje dual y los incentivos para la contratación formal de jóvenes.



