Más pantallas, peores resultados: lo que muestran los datos educativos
Jean M. Twenge analiza la relación entre el uso intensivo de dispositivos digitales en la escuela y la caída del rendimiento académico, a partir de datos de EE.UU y evidencia internacional.
Durante décadas, los resultados académicos de los estudiantes en pruebas estandarizadas mostraron una tendencia sostenida al alza. Sin embargo, esa evolución se interrumpió alrededor de 2012, varios años antes de la pandemia, y los puntajes comenzaron a descender de manera progresiva, hasta alcanzar mínimos históricos en 2023 y 2024.
Ese fenómeno no se limita a Estados Unidos. Según datos internacionales citados por la psicóloga Jean M. Twenge, en 2022 el rendimiento de estudiantes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias cayó a su nivel más bajo a nivel global.
Si bien la pandemia de COVID-19 explica parte del deterioro, por la interrupción de la escolaridad presencial, Twenge sostiene que el descenso comenzó mucho antes y señala un factor clave: la masificación del uso de teléfonos inteligentes y dispositivos electrónicos en las escuelas.
Dispositivos digitales y caída del rendimiento
Según la autora, la popularización de los smartphones coincidió temporalmente con el inicio de la baja en los puntajes académicos. A partir de investigaciones iniciadas en 2017, Twenge documenta una relación negativa entre el uso recreativo de dispositivos durante la jornada escolar y el desempeño académico.
En respuesta a este fenómeno, varios distritos escolares de Estados Unidos implementaron prohibiciones totales del uso de teléfonos inteligentes durante el horario escolar, incluyendo todas las escuelas públicas del Estado de Nueva York. En ese contexto, el 83% de los docentes de nivel K-12 encuestados por un sindicato docente considera positiva la prohibición de los celulares.
No obstante, la autora advierte que esta medida es insuficiente: los teléfonos no son los únicos dispositivos presentes en las aulas. En la práctica, la mayoría de los estudiantes de secundaria y preparatoria —y muchos de primaria— utilizan laptops o tablets, muchas veces provistas por las propias escuelas.
El problema no termina en el celular
Twenge señala que estos dispositivos escolares suelen permitir acceso amplio a plataformas de entretenimiento, incluso durante las clases. Cita testimonios de familias y datos de encuestas que muestran que los estudiantes utilizan estos equipos para ver series, navegar en redes sociales o consumir contenidos no educativos durante el horario escolar.
Una encuesta de Common Sense Media revela que una cuarta parte de los adolescentes estadounidenses admitió haber visto pornografía durante la jornada escolar, y casi la mitad lo hizo desde dispositivos provistos por las escuelas.
Incluso en contextos menos extremos, la distracción es significativa. Un estudio con estudiantes universitarios de Michigan State encontró que casi el 40% del tiempo de clase se dedica a actividades no académicas en laptops, como redes sociales o videos, y que a mayor distracción digital, peores resultados en los exámenes.
Evidencia internacional
El impacto tampoco se limita a un país. Un informe de la UNESCO (2023), citado por la autora, concluye que el uso excesivo de dispositivos electrónicos perjudica el rendimiento académico, principalmente por el aumento de distracciones.
Twenge destaca diferencias claras entre países:
En Finlandia, donde los estudiantes reportan casi 90 minutos diarios de uso recreativo de dispositivos durante la jornada escolar, los resultados académicos cayeron fuertemente entre 2006 y 2022.
En Japón, donde el uso recreativo no supera 30 minutos diarios, los puntajes se mantuvieron relativamente estables, especialmente en matemáticas y ciencias.
¿Qué alternativas plantea?
Sin proponer soluciones tecnológicas adicionales, la autora enumera medidas estructurales que ya están en discusión en algunos sistemas educativos:
Restricciones más estrictas en dispositivos escolares para evitar el acceso a plataformas de entretenimiento.
Reducción de tareas obligatorias en formato digital, priorizando papel y escritura manual.
Opciones para que las familias puedan excluir a sus hijos del uso de dispositivos escolares.
Incluso, la posibilidad de escuelas completamente libres de dispositivos, con excepciones puntuales.
Twenge cita estudios que indican que leer en papel mejora la comprensión frente a la lectura digital, y que tomar apuntes a mano se asocia con mejores resultados académicos en comparación con el uso de laptops.
Lejos de rechazar la tecnología en sí, la columna plantea una advertencia: dar acceso irrestricto a dispositivos digitales en contextos educativos no ha producido los resultados esperados. Por el contrario, la evidencia presentada sugiere que la distracción digital se ha convertido en un obstáculo estructural para el aprendizaje.
Como concluye la autora, pedir a niños y adolescentes que aprendan rodeados de estímulos digitales permanentes no solo afecta sus calificaciones, sino la calidad misma del aprendizaje.



