En el Centro Universitario de Guadalajara (CUGDL), México, las microcredenciales ya forman parte del plan de estudios. Son cursos cortos que certifican una habilidad concreta, donde cada estudiante debe sumar 24 créditos antes de egresar.
El modelo fue diseñado desde EduHub, programa de la Secretaría Académica que gestiona el ecosistema de aprendizaje de este centro de la Universidad de Guadalajara.
En diálogo con InsightED, su responsable, Alejandra Bernal, habla sobre los desafíos de la empleabilidad y sobre cómo responder a un mercado laboral que cambió su forma de contratar.
Según Bernal, los reclutadores hoy piden ejemplos concretos de habilidades, problemas resueltos y proyectos realizados. Información que un título, por sí solo, no siempre muestra de manera explícita.
En el Centro Universitario de Guadalajara, la primera generación formada con microcredenciales en la currícula obligatoria egresará a mediados de 2027.
Bernal reconoce que todavía faltan estudios de largo plazo sobre el impacto de estas herramientas en el empleo, y que, a medida que se delinean estrategias de empleabilidad la universidad transita un reto en paralelo: mostrar el valor que solo la formación universitaria aporta.
¿Qué espera hoy el mercado laboral de una persona recién egresada?
-Cambiaron varias cosas, y diría dos que pueden parecer contradictorias, pero no lo son. Por un lado, las habilidades técnicas envejecen cada vez más rápido. Por otro, las habilidades transversales pesan cada vez más. Y le sumaría una tercera, un poquito más silenciosa, que atraviesa a las dos: ya no basta con decir que tienes una habilidad. Ahora el empleador quiere que la demuestres.
Sobre la velocidad tenemos datos. El informe sobre el futuro del empleo 2025 del Foro Económico Mundial estima que cerca del 39% de las habilidades que hoy tiene una persona trabajadora se transformarán o quedarán desactualizadas en 2030.
Para alguien que egresa este año o el siguiente, buena parte de lo técnico que aprendió tendrá que actualizarlo en dos, tres o cinco años. Eso cambia mucho la visión y la misión de la universidad. Esa idea de que la universidad te prepara de una vez y para siempre ya no es cierta.
¿Cómo es este panorama en México?
-En México lo vemos con mucha claridad. La encuesta Escasez de Talento 2026 de ManpowerGroup reporta que el 67% de los empleadores tiene dificultades para cubrir sus vacantes. Y hay un dato muy revelador: la demanda de habilidades en inteligencia artificial ya supera a la de ingeniería y a la de habilidades tradicionales de tecnologías de la información. Hace tres o cuatro años ese perfil casi no existía en los estudios.
El tercer cambio nos impacta mucho como universidad: la contratación basada en habilidades. El filtro antes eran las calificaciones o los promedios. Ahora el reclutador te pide un ejemplo concreto de cómo resolviste un problema, en qué proyecto trabajaste, qué hiciste exactamente.
Quiero matizar algo. La evidencia de que las microcredenciales mejoran la empleabilidad todavía es mayoritariamente descriptiva. Faltan estudios longitudinales que muestren efectos a lo largo del tiempo. No creo que la respuesta sea vender microcredenciales como receta mágica. Lo que sí creo es que esto nos obliga a formar de otra manera.
Por ejemplo, en el CUGDL tenemos un núcleo de materias obligatorias, estudies lo que estudies: pensamiento crítico, inteligencia colectiva, innovación tecnológica, storytelling, gestión de proyectos, gestión socioemocional y cognitiva, y análisis de problemas globales.
La IA como habilidad, ¿se busca solo en perfiles técnicos o también en alguien que viene de las ciencias sociales?
-Es una búsqueda para todas las carreras. Es transversal, como el conocimiento básico del manejo y el uso ético de la inteligencia artificial, pero también como tema técnico: saber entrenar modelos, hacer un análisis básico de datos.
Nosotros estamos en la primera edición de microcredenciales, y en nuestra malla curricular son obligatorias: los estudiantes tienen que reunir 24 créditos, que son aproximadamente tres cursos. La más demandada entre las cinco carreras fue análisis de datos. Ahí ves cómo las licenciaturas se vuelven cada vez más porosas.
Ya no es un perfil único donde él es el de ciberseguridad y ella la de creatividad digital. Vemos al análisis de datos como una de las habilidades que posiblemente se sume a las transversales: va a ser esencial en cualquier carrera.
Históricamente, las empresas piden experiencia a recién egresados que todavía no la tienen, ¿cómo resuelven esa brecha hoy?
-Nosotros no tenemos como base el modelo dual, pero sí es importante que los estudiantes hagan prácticas y que todo esté en un contexto real. Por eso trabajamos con proyectos. Algunos se hacen sobre bases hipotéticas y en otros casos traemos empresas reales que les plantean retos a los estudiantes, les dan un tiempo y después reciben las posibles soluciones. Esa conexión es básica: que desde las prácticas, el servicio y las materias, todo se lleve con base en experiencias.
Las microcredenciales también ayudan en este aspecto. Antes te ibas con tu título y decía, por ejemplo, licenciado en Inteligencia Artificial y Ciencia de Datos. El título te dice el dominio general, pero no qué sabes hacer a detalle. Ahora, acompañamos ese título con al menos tres evidencias de capacidades demostradas, evaluadas con criterios de rigor académico y metodológico. Lo resumiría así: el título certifica una trayectoria profesional amplia; la microcredencial hace visible una competencia específica que la persona puede demostrar y actualizar.
Es lo que el mercado está pidiendo: profundidad para pensar, pero también evidencia demostrable de lo que la persona sabe hacer desde que está estudiando.
¿Hay diferencias para la empleabilidad entre quien egresa con microcredenciales y quien no?
-Esa es justamente la apuesta. Nosotros estamos en la primera edición. Nuestros primeros egresados salen en mayo o junio de 2027. En esta recta final tratamos de armarlos con lo más que podamos para enfrentar el mundo laboral.
La universidad ya no tiene el monopolio de dónde se aprende. Pero sí seguimos siendo responsables de cuidar la validez y el rigor académico de lo que reconocemos como parte de la trayectoria de un estudiante. El conocimiento está en todas partes; la pregunta es cómo hacemos alianzas y a qué le damos valor como institución.
Desde la gestión institucional, ¿qué es lo más desafiante para conectar a los estudiantes con el mundo del trabajo?
Sin dudas, asegurar la pertinencia. El conocimiento cambia tanto y las habilidades se transforman tan rápido, y las universidades estamos atadas a procesos que fueron así durante muchos años, por tradición y por cultura académica.
También es un reto actualizarnos, que el profesorado también se actualice, porque lo que no sabes no lo puedes enseñar. Y en una universidad de este tamaño, los cambios requieren tiempo y coordinación.
El otro reto es que tenemos que ganarnos nuevamente la confianza sobre por qué la universidad es importante y qué te da que no encontrarías en otras certificaciones o cursos cortos.
El título te acredita años de formación y una base disciplinar, te asegura criterio profesional y la capacidad de pensar los problemas con profundidad desde un campo.
También acredita cosas difíciles de fragmentar: la ética profesional, la visión de conjunto, la forma en que una disciplina mira el mundo. Al mismo tiempo, el título por sí solo dice poco sobre el detalle: si leo licenciatura en Inteligencia Artificial, sé que la persona tiene una formación sólida, pero no sé en qué se especializó, qué nivel alcanzó ni cómo lo demostró.
¿Hacia dónde avanzará la educación superior en los próximos años?
-Es algo paradójico. Hace décadas sabíamos que estábamos obligados a repensar cómo hacíamos las cosas. Pero ahora la realidad nos golpeó en la cara y nos dijo: te avisé hace tiempo que esto iba a cambiar. Con la pandemia y con la inteligencia artificial, el conjunto de habilidades básicas que buscabas y la forma de enseñarlas tienen que cambiar, y ya no hay tiempo.
La universidad tiene que flexibilizarse. Ahora más que nunca tenemos la oportunidad de cumplir esa promesa: reconocer que el conocimiento está en todas partes, sin perder de vista que el rigor académico y quienes generan conocimiento científico también están en la universidad. Hay muchas formas de reconocer el aprendizaje que sucede a lo largo de la vida, adentro y afuera. Si quieres seguir siendo vigente, tienes que saber reconocerlo, acreditarlo y hacerlo parte de la trayectoria académica de una persona, con el mismo valor y cuidando el rigor.



