"Pareciera que hablar de empleo es despreciar la universidad"
Adriana Portilla, rectora de la Universidad Insurgentes, reivindica la empleabilidad como propósito de la formación universitaria.
Adriana Portilla es rectora de la Universidad Insurgentes, una institución privada mexicana de amplia cobertura, con un perfil de estudiantes mayoritariamente de primera generación y cuotas accesibles que, en algunos casos, resultan menores que las de universidades públicas del país.
Desde su oficina de rectoría, Portilla habla con InsightED sobre su convicción sobre el sentido de la universidad. “La universidad tiene que tener una visión moderna, con vista hacia el futuro del egresado, apuntando especialmente a la empleabilidad”, dice.
Para la rectora, su propia postura choca con el rechazo que sigue vigente en ciertas partes del sector educativo. “Hay mucha resistencia a entender que las universidades formamos para el empleo. A veces, pareciera que hablar del empleo es un poco despreciar la universidad”, cuestiona.
La rectora ubica esa resistencia en una tradición de enseñanza dogmática que viene cuestionándose desde hace décadas. “Hace más de 30 años ya se escribía en torno a que las universidades tenían que desaparecer”, recuerda. La crítica, aclara, no apuntaba a la institución, sino a una forma de enseñar anclada en el enciclopedismo y la repetición de datos, donde se valoraba que el profesor citara autores cuanto más antiguos.
Frente a ese modelo, es el propósito lo que debe ordenar la formación: “Todo lo que aprendan los estudiantes tiene que estar vinculado al ambiente profesional”.
Docentes y microcredenciales
Para Portilla, la cuestión docente se condensa en una frase: los docentes de hoy se educaron en otra época. “Muchos de ellos, los más doctos, los más expertos, fueron formados sin siquiera una computadora”, plantea.
“Cuando hablamos de un doctorado, estamos hablando de alguien que lleva mínimo 20 años formándose. Y hoy lo que necesita nuestro alumno es abismalmente diferente”, agrega.
Esa brecha es lo que, para la rectora, define el perfil que la universidad debe construir: un egresado con competencias para la inserción productiva y también social, con un contexto de profundo conocimiento en el área, pero también con habilidades y responsabilidad con su comunidad.
En su universidad, las microcredenciales ocupan un lugar central: “Comenzamos a implementarlas hace cinco años para complementar la formación básica con los requerimientos del ambiente profesional”. Y agrega: “Al día de hoy, son el parteaguas que encontramos para mantener actualizados los planes de estudio”.
Sin embargo, no se trata de incorporar herramientas porque sí, dice.
“Si las microcredenciales no están integradas al día a día del alumno, y si no tienen un acompañamiento que ayude a dar continuidad, no funcionan. Tú puedes inscribir a millones de estudiantes en un curso, el tema es cuántos lo terminan y cuánto aprendieron”, dice.
Romper de creencias
El perfil del estudiante de la Universidad Insurgentes -en su mayoría, primera generación universitaria- obliga a intervenir antes del ingreso a la universidad y a sumar a un actor que muchas veces se queda afuera: la familia.
En el nivel medio superior, dice, todavía pesan estereotipos de género en la elección de carrera. “Hay un tema en donde el padre de familia se enfoca más a las áreas de ingenierías, por ejemplo, para los varones”.
Frente a eso, la universidad desarrolla un trabajo llamado “rompimiento de creencias”, orientado a abrir el abanico de opciones del estudiante. “Acompañamos al papá a apoyar a su hijo en una elección diversa, en donde pueden ser extraordinarios profesionales más allá de la elección de una carrera”, explica.
El aula como lugar seguro
Sobre el debate recurrente de la salud mental de los jóvenes, Portilla habla que las aulas “sean virtuales o presenciales, tienen que ser lugares seguros”.
La rectora dice que, pese a la cantidad de estímulos digitales, la necesidad de fondo del estudiante no cambió. “El alumno, aunque hoy tiene muchísimos estímulos sigue siendo una persona”. Por eso, define al docente como una figura que tiene que procurar el acompañamiento: ser coach y tener la habilidad de escuchar, guiar y acompañar al estudiante.
“Si los estudiantes se trasladan una hora para llegar a la universidad y se encuentran con un video en un proyector, no tiene sentido”, cuestiona.
En su modelo educativo, las plataformas, los videos y los laboratorios digitales funcionan como complemento por fuera del aula. “Cuando los alumnos están con su docente, están con su docente”, resume.
Liderar en comunidad
Sobre su propio rol, Portilla describe la rectoría como una tarea exigente y, a la vez, estimulante. “Ser rectora de una universidad en este siglo es una responsabilidad enorme y una aventura apasionante”, piensa.
“Tengo la oportunidad de participar de las reuniones de rectores nacionales e internacionales: el saber qué están haciendo en Europa, qué está pasando en Latinoamérica, en Estados Unidos, nos alimenta. A veces sentimos que en este viaje vamos solos y no es así”, agrega.
Para la rectora, el liderazgo universitario también supone aceptar el ritmo del contexto: “El mundo real va mucho más rápido que el diseño de una malla curricular para un programa académico. Entonces tenemos que ser muy hábiles en darle a nuestra comunidad lo que hoy necesita”.
“Es un mar de desafíos, pero también es un mar de oportunidades”, concluye.



