8 de cada 10 jóvenes usan la IA para guiar su desarrollo profesional
Según una encuesta de Deloitte, el mayor uso es para detectar oportunidades de aprendizaje, pedir consejos de carrera y lidiar con el estrés laboral.
Ocho de cada diez jóvenes de las generaciones Z y millennial recurren a la inteligencia artificial para pensar su propio desarrollo profesional. No la usan solo para escribir o automatizar tareas: le preguntan qué aprender, qué rumbo tomarle a su carrera y, en muchos casos, cómo sobrellevar el estrés que les genera el trabajo. Así lo muestra la encuesta global 2026 de Deloitte, realizada a más de 22.500 personas de 44 países.
Ese entusiasmo individual, sin embargo, no se traduce todavía en confianza hacia los empleadores.
Buena parte de los encuestados se siente cómodo usando estas herramientas por su cuenta, pero muchos creen que sus líderes no tienen el mismo manejo. La brecha no es solo generacional: también habla de organizaciones que todavía no terminan de acompañar el ritmo que sus equipos más jóvenes ya impusieron.
Detrás de la búsqueda de herramientas y de adaptabilidad aparece una razón concreta: el costo de vida. Por quinto año consecutivo, es la principal preocupación de ambas generaciones, por encima del desempleo o la inestabilidad geopolítica.
Esa presión económica empuja a muchos a posponer decisiones de peso -comprar una vivienda, formar una familia, seguir estudiando- y explica en parte por qué la carrera se piensa hoy distinto.
Esa cautela financiera convive con una relectura del liderazgo. Solo el 6% de los encuestados ubica alcanzar un puesto de liderazgo como su meta profesional principal, aunque la mayoría mantiene el interés a lo largo de su carrera: 76% de la Generación Z y 67% de los millennials aspiran a roles ejecutivos, y 80% y 73% respectivamente a posiciones de supervisión o gerencia.
La acumulación de habilidades gana terreno frente al ascenso vertical: cerca del 20% de ambas generaciones acepta moverse lateralmente o bajar de categoría con tal de ganar experiencia, y entre el 25% y el 30% mantiene un trabajo adicional que, para más de un tercio, funciona como espacio de aprendizaje.
El desafío que señala el informe no es que estas generaciones se queden atrás, sino que las organizaciones no logren seguirles el ritmo.



